LA PAZ QUE HABITA EN TI


Un relato de Abdo Tounsi – Alcalá de Henares, 14 de octubre 2019

La hora se acercaba a las cuatro de la madrugada, cuando ella estaba paseando por la playa con los zapatos de tacón alto en la mano. Había salido de la boda de un compañero de trabajo. Era una madrugada de agosto con la luna coqueteando con las aguas del Mediterráneo. Sin importarles nadie ni nada, tenían un encuentro en la playa de Cannes de la Costa Azul de Francia.

Fátima se sintió atraída por ese amoroso encuentro; se sentó sobre la arena contemplando el horizonte. En el globo de la luna se veía de niña con un vestido blanco, jugando con sus hermanos con la atenta mirada de sus enamorados padres; una imagen que nunca dejó de acompañarle en su larga soledad.  

Sumergida en la nostalgia y el lamento de encontrarse sola, rompe a llorar y sus llantos alteran la paz de los habitantes de las mansas aguas del mar. El rímel empieza a dibujar un mapa desolador en su cara triste y llorosa. Agotada, se tumba en la arena, rendida al cansancio físico y entra en un profundo sueño.

Volviendo a su rutina, de casa al trabajo… del trabajo a casa, Fátima no ve un momento para encontrarse consigo misma, salvo el rato cuando se pone a dar unas pinceladas a un cuadro, pintando ese recuerdo de niña en la playa de Argel junto a su familia.

Un día recibe una llamada, al otro lado del hilo una voz de un joven que le saluda en árabe “assalamu alaikum” y ella le contesta “aleikum salam”. ¿Eres Fátima Ben Raffiq? le pregunta el joven, Fátima responde sí, ¿Quién eres?, soy Ahmed Kumar un pariente lejano tuyo, me dio tu teléfono tu primo Mustafá. Ah, ya. ¿Qué se te ofrece? le pregunta ella. Ahmed le comenta que está en Cannes y le gustaría verla. Los dos quedan para el sábado en una cafetería.

A las seis de la tarde el joven impaciente anda de un lado a otro, esperando a Fátima que no llegaba a la hora acordada. Entra y sale de la cafetería, con la duda en la cabeza de si había acudido a la cafetería citada en su conversación con Fátima. Al momento, pregunta al camarero por el nombre del establecimiento, para asegurarse. No cabe duda: es este el lugar donde habían quedado.

A las seis y media llega Fátima al lugar de encuentro y ve a Ahmed sentado en la terraza, vestido con una camisa roja tal y como habían quedado por teléfono para que le reconociera. Se acerca y le pregunta, ¿Eres Ahmed? Sí, soy yo. Creía que no vendrías, le responde el joven recién llegado de Argel.

Piden algo para tomar, mientras Ahmed le cuenta cosas de la vida de la familia de Fátima en Argel. La conversación le trae a Fátima más y más recuerdos. Al final el joven resulta que buscaba trabajo. Fátima le informa de cómo está el mercado de trabajo y le recomienda que mientras busque algo en su profesión como ingeniero informático, que trabaje en lo que sea. Se despiden con el compromiso de estar en contacto.

Pasados los días, Fátima se siente cada día más atormentada por su soledad. Un día después de su intento en avanzar en la pintura de su cuadro, decide sacar del armario su caja de lata, donde guardaba fotos y cartas de su familia. La primera foto que toma en sus manos, es la de sus padres. Con los ojos lagrimosos los ve borrosos. Entre las fotos una carta escrita por su madre ya viuda, en un sobre doblado con mucho cuidado. Abre el sobre y empieza a leer la carta, entonces se para en la frase donde su madre le anima a seguir luchando por una vida feliz en pareja, después de dos fracasos uno de noviazgo y otro de matrimonio.

Fátima se acuesta con la mente y en la retina de sus ojos, la película de sus cuarenta años de vida. Atormentada por la soledad, solo encuentra refugio en la oración antes de dormir, rendida ante su triste situación.

Las compañeras del trabajo, viendo como cada día Fátima se consume en su estado melancólico, le animan para que fuera con ellas de compras. Paseando por el centro de la ciudad entran y salen de las tiendas sin rumbo fijo, acabando sentadas en una terraza. Se acerca a ellas un camarero que resultó ser el joven Ahmed; saluda a Fátima y le cuenta que ha encontrado este trabajo temporalmente. Ella le dice que se alegra por él. Ahmed toma nota del pedido, pero al traerlo entabla una pequeña conversación con una del grupo y se intercambian los números de teléfonos. Fátima no podía apartar su mirada de aquel encuentro de complicidad entre Ahmed y su compañera.

En su apartamento, sola entre sus cuatro paredes, Fátima da por terminada su vida. Sin esperanza ni ilusión, le viene a la mente las historias más tristes que jamás hubiera imaginado protagonizar. No eran reales, pero para su mente atormentada y su alma encerrada entre los barrotes de la desesperación, las sentía como si lo fueran.  

Un día volviendo del trabajo se encuentra con una feria del libro antiguo. Se para a ojear los libros y le llama la atención uno escrito en árabe bajo el título “La paz que habita en ti”. Lo toma en sus manos y paginándolo se da cuenta que está escrito en árabe clásico, data del siglo XIX. La curiosidad de saber más del libro y por añoranza de leer algo en árabe, su idioma materno, lo compra.

En casa deja el libro y da unas pinceladas más al cuadro que ya lleva pintando, sin terminar dos años. Se acuesta y en la cama toma el libro y vuelve a ojearlo; casi a la mitad, encuentra una hoja que estaba suelta, la toca con sus dedos para asegurarse de su sospecha y efectivamente la hoja estaba suelta. Al tomarla, se da cuenta que es más gruesa que las demás, entonces intenta averiguar el porqué y es cuando se da cuenta que era una hoja doblada.

Fátima con intriga y curiosidad desdobla la hoja y ve que es un manuscrito muy antiguo fechado en Túnez, mayo 1852, de un alumno de la universidad más antigua del mundo islámico, “Universidad de Qarawiyyin” de la ciudad de Fez-Marruecos, una universidad fundada por “Fátima al-Fihri” en el siglo IX nacida en Kairuán en Túnez. El alumno se llamaba Abdel-Rahman Ben Kasim, su manuscrito era una poesía encabezada por “Querida Salma”:  

Soy tu guía, soy la luz de tu alma,

Adonde quieras ir yo te acompaño

No me abandones compañera

Juntos abriremos puertas

Juntos romperemos los barrotes

Solo me tienes que abrazar

Y yo te guío

Soy la paz que habita en ti

Soy tú.

A Fátima, sumergida en las palabras del poema, la cabeza empieza a darle vueltas, como si fuera a entrar en un estado de flashback, entonces se deja vencer al abandonarle las fuerzas y duerme sin cerrar el libro.

A la mañana siguiente encuentra que el libro está cerrado sobre la mesilla y la hoja del manuscrito pegada en el espejo de su tocador. En ese momento Fátima no se acordaba de nada, hasta que unas palabras escritas con su puño y letra, en un trozo de papel que rezaba: “Soy yo la paz que habita en mí”, le recordaban que de madrugada se había levantado y puso en orden las cosas y escribió la frase.

De camino al trabajo, toma la decisión de cambiar de lugar de residencia. Le vino a la mente sus primeros recuerdos de un lugar soleado en España, era la ciudad de Alicante, la primera ciudad europea que pisaba al llegar en el ferry desde Argel. Entonces decide despedirse de su trabajo y desplazarse a Alicante.

Fátima deja Cannes y se instala en Alicante junto al puerto. Allí conoce a gente de su tierra natal. Pasados unos meses encuentra trabajo en la compañía del ferry Alicante-Argel.

Fátima se encuentra animada y busca en las cosas más insignificantes la razón de vivir, y también la alegría de vivir. El libro y la hoja del alumno universitario Abdel-Rahman Ben Kasim, fueron sus compañeros en su regreso a la vida. Un día mirando la última hoja del libro, se fija bien en un dibujo de una paloma hecho con caligrafía árabe. Entonces y con la ayuda de una lupa, descifra la frase que formaba la figura de la paloma, que decía “Soy la paz que habita en ti”

Al año de trabajar en la compañía del ferry, se enamora de un hombre viudo, originario de un pueblo cercano a Argel y se casan. Con él revive sus felices recuerdos de niña, que le ayudan a pintar muchos cuadros. En 2018 Fátima inaugura en Argel y después en Alicante, su primera exposición de 22 cuadros, bajo el título “La paz que habita en mi”.

El relato es una ficción, cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia.

  1. #1 por Laura Olalla Olwid el 16/10/2019 - 9:14

    Me encantó tu relato, amigo Abdo. Me ha amenizado la espera en la sala de Oncologia donde tratan a mi hija Laura. Me ha recordado a Pedro Salinas. Tu 💧 gota de agua cayó donde se necesitaba. Felicitaciones, querido amigo.

    • #2 por Abdo Tounsi el 16/10/2019 - 10:13

      Muchas gracias amiga Laura por leerlo y me alegro que te haya entretenido gratamente… Salam

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