SIETE ROSAS Y UN DESTINO


Relato de Abdo Tounsi – 29 de octubre 2019

Una guía turística se acerca con un grupo de turistas españoles a la plaza de la Fontana de Trevi, era su última parada antes de ir a comer con sus padres con motivo del cumpleaños de su madre. En un apresurado relato cuenta al grupo la historia de la fuente: “La fuente está situada en el cruce de tres calles (tre vie), marcando el punto del Aqua Virgo (en italiano, Acqua Vergine), uno de los antiguos acueductos que suministraban agua a Roma. Cuenta la leyenda que con ayuda de la Virgen, los técnicos romanos localizaron una fuente de agua pura a sólo 22 km de la ciudad, la escena la vemos representada en la actual fachada de la fuente…”.

Mientras tanto, un hombre joven, entra en una floristería cercana al lugar y pide un ramo de siete rosas rojas. El florista con cierta lentitud debido a su avanzada edad se lo prepara, el hombre lo paga pero se lo devuelve al florista. ¿Por qué me lo devuelve, no le gusta? le pregunta. Mire señor, quiero cumplir un sueño que tuve anoche, responde el hombre. Bueno, y esto que tiene que ver con devolverme el ramo, le dice el florista. Señor le pido que me ayude a cumplir con mi sueño, por favor podría usted entregarle este ramo a la primera joven que entre, según mi sueño será la mujer de mi vida. El florista se ríe y le comenta, ¿acaso será escogida a ciegas, además cómo va a saber de usted? Entonces el hombre saca un sobre y le dice: no se preocupe, este sobre le guiará. El florista toma el sobre sin estar convencido y lo coloca en el ramo. El hombre le da las gracias y se despide.

La joven guía turística de nombre Rosa, entra en la misma floristería y pide un ramo para el cumple de su madre, el florista se lo prepara y después de pagarlo, le ofrece el ramo de las siete rosas y entre risas le comenta la historia del ramo. A Rosa, con su cara de asombro le parece una historia de película, pero accede a llevar el ramo.

Antes de ir a casa de sus padres pasa por el piso donde vive con una amiga y deja el ramo de siete rosas en un jarrón con agua. La curiosidad le invita a leer la nota del sobre que dice: “Hola estimada desconocida, a ti que estás leyendo esta nota, te pido que no tomes este hecho a broma. Soy un hombre de treinta y cinco años y busco a la mujer que quiera ser mi compañera en la vida. Si soy merecedor de tu atención, por favor me gustaría cumplir con mi sueño y encontrarme contigo. Este es el número de mi móvil…”

La joven se acerca a casa de sus padres y allí entre risas e incredulidad les comenta a sus padres, su hermano y cuñada la historia del ramo de siete rosas. Su cuñada reflexiona y le dice: ¡Y si es tu futuro marido! ¿Por qué no le llamas? Rosa se ríe y le dice: venga cuñada acaso crees en las historias de hadas, pues yo no. La velada transcurre en conversaciones sobre historias de amor y matrimonios, entre ellas las de sus padres, que fue de un flechazo, en un pueblo de la región de Toscana, cuando su padre era carabinero destinado en el pueblo de su madre.

De vuelta a su piso Rosa rompe la nota y la tira a la basura, pero no tira el ramo, porque le pareció muy bonito y adornaba bien la mesa del comedor, aunque le recordaba la nota, pero su rechazo a aceptar una cita a ciegas no le alteraba.  

Pasan los días y las rosas poco a poco empiezan a marchitarse, en diez días sus pétalos comienzan a caer. Entonces la amiga María y compañera de piso de Rosa, le pregunta: ¿Qué pasa, te da pena tirarlas, o es que piensas que la magia de su historia fantástica las va a mantener vivas?… Rosa la mira y le dice: Tú sabes que yo no creo en estas cosas, solo que me gustaban; ahora mismo las tiro. Efectivamente, tira las rosas y se prepara para acostarse. En la cama empieza a recordar las historias que en casa de sus padres se contaron, pero la única historia que le fascinaba era la de sus padres, por eso las demás quedaban eclipsadas por esta.

En el trabajo de María sus compañeros y compañeras le encargan que compre un ramo de flores para el cumple de la jefa. María pasa por una floristería cercana a su trabajo en una zona moderna y compra un ramo, al pagarlo el florista le ofrece un ramo de siete rosas rojas y le comenta entre risas, que un hombre joven le encargó entregar este ramo a la primera joven que entrara a su establecimiento. María se asombra y le dice: Este hombre va dejando ramos en todas las floristerías de la ciudad. ¿Por qué dice esto? le pregunta el florista. Es que mi compañera de piso trajo a casa uno igual y con la misma historia, le dice. María toma el ramo y se marcha al trabajo. Allí algunas compañeras se ofrecen a llamar al hombre de las siete rosas, pero ella reflexionando, les dice: este ramo no es para ninguna de nosotras, es para mi amiga Rosa, ella es la destinataria, fue ella a quien le tocó el primero y parece que el destino está ya marcado para que se cite con este señor.

En el piso, María pone el ramo en un jarrón y deja la nota en la mesa, esperando a que llegue su amiga, pero Rosa tarda y a María le puede el sueño y se acuesta. Esta noche Rosa llega tarde a casa. Al entrar, enciende la luz del salón y ve el jarrón con las siete rosas rojas. No podía creer lo que veía y piensa que María ha querido gastarle una broma, se acerca a la mesa y abre el sobre. Se queda asombrada al comprobar que la letra era la misma del primer ramo, se altera y quiere despertar a María para que le cuente qué pasa, pero desiste y se va a la cama con la nota en la mano.

Al día siguiente María le cuenta lo que pasó y le dice que al parecer la destinataria de estos mensajes es ella y que debe hacer caso al destino llamando a este señor. Rosa se niega a seguir el juego, aunque no deja de asombrarle esta coincidencia.

En una cena familiar en casa de sus padres, Rosa cuenta lo sucedido con una incredulidad absoluta de que esto sea su destino, cuando en realidad su sueño es encontrar su media naranja de forma espontánea y que Cupido sea testigo. Su cuñada Ana insiste en que debería llamarle. Rosa en el camino a su piso montada en su vespino no deja de pensar en lo que ha sucedido; entonces se acerca a la Fontana de Trevi  y sin creer lo que está haciendo tira de espaldas una moneda, haciendo lo que hacen todos los días sus grupos de turistas.

Pasan los días y los pétalos de las rosas marchitas llenan la mesa del comedor, sin que ninguna de las dos amigas las tirara. Era como contemplar un mar con horizonte de una puesta de sol, y las dos sienten que en algún momento sus olas traerán un nuevo mensaje.

Meses más tarde Rosa se olvida de lo sucedido, cuando recibe una llamada de su cuñada Ana que le invita a cenar con toda la familia al completo, con motivo de su primer aniversario de casada. Efectivamente Rosa se presenta en casa de su hermano, pero antes pasa por una pastelería y compra unos pasteles “Pangiallo di Palestrina” (Los orígenes de este dulce del Lazio se remontan a la época del Imperio Romano. Nueces, piñones, miel, pasas, avellanas y chocolate son la base de esta joya culinaria). Llama a la puerta y le abre su hermano, y ve a la familia al completo taponando la mesa del comedor. ¿Qué pasa aquí? les pregunta, entonces se apartan y aparece un ramo de siete rosas rojas con una nota colgada. ¡Ya estamos otra vez! ¿Qué broma es esta? alzando la voz enojada. Su hermano por detrás le agarra de los hombros y le dice: Tranquila, no es una broma, te voy a contar la historia. Mira, me fui a comprar un ramo para Ana y después de comprarlo, el florista me dice que va a cerrar durante el fin de semana porque tiene que ir a su pueblo, que su padre se ha puesto muy enfermo y que no puede cumplir con la promesa de entregar este ramo de siete rosas a una joven, porque no ha entrado ninguna y que por favor que se lo entregue yo a alguna conocida mía.

A Rosa en este momento se le ilumina la cara y se acerca a la mesa y toma el sobre y lee la nota, que resultó ser de la misma letra y con el mismo texto que la primera y la segunda. Sonríe y les promete que va a llamarle ya que al parecer ella es la destinataria de este mensaje.

De camino a su piso, montada en su vespino, estando muy distraída, sufre un accidente chocando con el bordillo de una rotonda, cae al suelo y lastima su rodilla. De un coche baja un hombre y le pregunta que si estaba bien, ella le responde que le duele mucho la rodilla y que no puede levantarse. El hombre llama al 112 y comunica lo sucedido.

Pasada casi una hora Rosa se encuentra en un centro de salud. Después de hacerle una radiografía, se acerca un médico a la habitación y le dice: Hola Rosa, soy Adriano el médico de guardia, tienes una ligera fisura que en dos o tres semanas estará curada, te hemos puesto una venda elástica que debes mantener hasta que el médico especialista al que debes visitar pronto, llevándole este informe, te vea. Rosa toma el informe y al intentar abrir su bolso para ponerlo se le cae al suelo y se abre. El médico se agacha para cogerlo y ve la nota de las siete rosas reconociendo su propia letra, se queda sin habla y en un momento pasan por su mente muchas preguntas y dudas de qué hacer. ¿Qué pasa doctor? Le pregunta la enfermera. Entonces se levanta con el bolso en la mano y se lo da a Rosa. Se despide de ella, pero no antes de mirarle a los ojos, y le dice: cuídate. Rosa en este intervalo de tiempo entre la caída del bolso y la despedida, se fija en el médico y piensa que es un caballero apuesto. 

Después de varias semanas, Rosa ya está curada y trabajando. Con un grupo de chinos en la Fontana de Trevi, se acuerda de su promesa y decide llamar al hombre del ramo de siete rosas rojas. Termina con la visita del grupo y marca el número que llevaban las tres notas. Hola, perdona, te llamo por la nota de las siete rosas que has ido dejando en las floristerías. ¡Ah! muchas gracias por llamar, le responde Adriano. A los dos les parecía que le sonaba la voz del otro, pero no dicen nada y se citan en una cafetería conocida en el centro de Roma para tomar un capuchino y conocerse.

Rosa el día de la cita se viste y se pone muy elegante. Sorprendida, María le pregunta ¿a dónde vas tan guapa?. Voy a la cita ciega con el hombre de las siete rosas, le responde. ¡Cuánto me alegro que hayas decidido citarte con él!, le dice María.

Para que le reconociera, Rosa manda a Adriano un mensaje diciéndole que llevará un pañuelo verde atado al cuello. A Adriano no le hacía falta esta reseña, porque estaba seguro de quien era, se alegra mucho y confía que su sueño puede ser real. Le responde que él llevará un ramo de siete rosas rojas.

Adriano con mucha picardía, se presenta cinco minutos más tarde y se acerca con la cara tapada por el ramo y le dice: Hola. A Rosa la voz le suena mucho y le dice: Venga hombre déjame verte la cara. Es cuando Adriano aparta el ramo y se deja ver. ¡Anda, mama mía!, eres el médico de guardia que me atendió después de mi accidente! Asombrada se pregunta en voz alta ¿Cómo es esto, es posible que sea real? Él le comenta que vio la nota del ramo cuando cayó de su bolso y que no quiso decir nada para dejar que el destino hiciera su trabajo. Ella le cuenta que fue la destinataria de sus tres notas. Los dos asombrados por la historia, se encuentran muy a gusto y se citan otra vez para comer.  

Día tras día la confianza del uno en el otro, hace mella en sus relaciones. Es allí cuando Cupido aprovecha el momento de unas miradas de complicidad, les lanza su flecha y el amor salta chispas.

Siete años y unos meses después, Adriano sorprende a Rosa para celebrar su aniversario de casados, se acerca a la Fontana de Trevi mientras ella está hablando a un grupo de japoneses. Él le entrega un ramo de siete rosas rojas y se dan un fuerte abrazo. El grupo de los japoneses les sacan fotos y les aplauden. Rosa mira a la Fuente y le dice en voz baja: ¡gracias! recordando su petición de aquel día que tiró la moneda. Entonces se dirige al grupo y les invita a lanzar la moneda y les dice: “La fuente les concederá sus deseos, si así lo quiere el destino.”

El relato es una ficción, cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia.

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