Morir y dar de comer,
servir y dar la vida a cambio
no es un “un error”
y sí es un mensaje bien “intencionado”.

Qué podemos decir de nuestros siete justos
que no han encontrado justicia,
siete almas bondadosas que no han recibido bondad.
Nuestros hermanos son la luz en estas inmensas tinieblas.

Ofrecer la vida por salvar vidas, les honra.
Darse al dolor para defender al amor, les ennoblece.
Lo mejor de este mundo que lo tiene todo,
se ha enfrentado a lo peor de este mismo mundo.

Una cadena de “errores” es la causa del crimen: eso dicen…
Error 1: dar de comer al hambriento (Eclesiastés 11)
Error 2: no haber acabado con el problema matando al hambriento.
¿Cuántos errores deben cometer para dejar de mentir?

¿Cuántas muertes, cuanta destrucción es necesaria
para despertar la conciencia de todo un pueblo?
O hay que dejarles que sigan arrasando sin “malas intenciones”,
mientras sigamos sentados en el sofá de la felicidad.

Estas intenciones esconden monstruos:
Eres prisionero del miedo gracias a las buenas intenciones,
se vive agonizando por un sinfín de buenas causas,
se mata sin piedad por el bien de los propios muertos.

¡Una nación que no despierta es cómplice!
¡Ha llegado la hora de despertar!
¡Los portadores de la luz deben proclamar
que esta masacre no puede llevar sus nombres!

Siete llamas de amor se han apagado en Gaza
para que millones en el mundo entiendan un mensaje.
Cantemos este blues en su memoria
honrando su sacrificio por enseñar a vivir a un planeta.

¡Queda poco tiempo!
¡A esta humanidad enferma le queda poco tiempo!
Aprendamos de lo peor en el ser humano, para defender lo mejor.
El cielo y la tierra está siendo testigos de nuestra decisión.

Escrito el 4 de abril, 2024


Autor:

Armando Lozano Hernández Militante por la paz

Estudió en Universitat Autònoma de Barcelona

Director de Espacio Ronda en Madrid