El rabino venido de Paris me dijo que era un auténtico “mensch”, una persona integra de pies a cabeza. Por supuesto, me llenó de orgullo el comentario, aunque no lo merezco en lo más mínimo. Además, lo dijo delante de la persona que más quiero en la comunidad, la cual asintió completamente. Todo un “mensch”, ¡qué honor más grande!
¿Qué diría ahora de mí? Después del 7 de octubre las cosas han cambiado. No puedo defender la injusticia en nombre de ninguna afiliación o raíces ancestrales. 40.000 muertos callan todas las bocas, denuncian todas las ideas, apagan todos los ideales de Tierras Santas, ridiculizan nuestros logros como civilización. No queda nada qué defender excepto personas con nombres y apellidos. Personas valientes de todos los bandos capaces de ser justos, buenos, compasivos…, auténticos “mensch” de estos tiempos violentos.
El rabino me tiraría de las orejas por haber perdido el norte. Estos meses y este dolor han estremecido mis cimientos. Ya no sé si soy hijo de Judá o hijo de Omar. No sé si adorar a Adonai o rendirme ante Allah. Mi conciencia está en llamas, mi corazón vive atormentado. ¿Qué ha sido del hombre bueno? Sigue aquí, por alguna parte, intentando avanzar en este difícil equilibrio.
“Debes hacer siempre lo que es correcto, más allá de una religión o un partido”, esa fue la enseñanza machacona de mi madre a lo largo de toda mi vida y caló muy hondo. Ella fue un ejemplo de esas palabras. Lo “correcto” por encima de cualquier consideración. ¿Y cómo se mide? Creyendo en el bien por el bien mismo. Ante la duda, piedad y compasión, ponerte en la situación del otro. Sin miedo a ser la oveja negra frente a los tuyos.
Espero que mis mayores, ahí arriba, sigan pensando que soy un “mensch”. Un poco cansado de las batallas, pero todavía en pie.
11 de julio, 2024
*“mensch” en yiddish es un hombre justo, bueno, recto, íntegro…

Autor:
Armando Lozano Hernández Militante por la paz
Estudió en Universitat Autònoma de Barcelona
Director de Espacio Ronda en Madrid



