Al Dr. Hussam abu Safiya
tras un año en la cárcel

Este es mi martirio,
os lo entrego sobre un suelo de cemento.
Estas son mis heridas,
sangre derramada por los zombis del mundo.
Estas son mis manos esposadas,
alaridos que todavía anuncian la paz.
Este es mi cuerpo roto,
mostrando el camino a los que quieran ver.
Esta es mi agonía,
labios amoratados que escupen tiernas palabras.
Este soy yo, tu ángel, tu inspiración,
una historia de amor para los niños de Gaza,
consuelo sin límite para los que todavía creen en el hombre.

Y en esta negrura, encontraréis destellos de blanco,
y en este infinito vacío, hallaréis fuego que todo revive,
y en mi muerte, un evangelio para los miserables,
y en esta aparente derrota, una completa victoria.

Somos como el mar, como las nubes,
vamos sembrando justicia y bondad
por los surcos de una tierra masacrada.
¡Hay que formar creyentes en la utopía
más grandes que sus propios verdugos!
¡Hay que derramar ríos de lágrimas
para resucitar a tanto corazón sin esperanza!

Y
tu cuerpo iluminado se aparecerá por las casas,
y las historias de tu cariño amamantarán a los niños,
y tu sacrificio correrá de boca en boca, de familia en familia,
hasta ser un símbolo eterno de lo bello y lo humano.

Tu ejemplo, querido doctor, es nuestro mayor orgullo.


Autor:

Armando Lozano Hernández Militante por la paz

Estudió en Universitat Autònoma de Barcelona

Director de Espacio Ronda en Madrid