Una vida,
una vida con nombre
retorna al crisol del universo.
Quizás a ti y a mí no nos diga nada,
lejos, lejos, muy lejos,
existe una tierra masacrada con una vida menos,
y, quizás,
saber el quién, el por qué, el cómo,
sea ya un poco tarde.
Nos importa y no nos importa.

Esa vida, única y misteriosa,
desconocida y cercana,
no estará aquí para explicarse.
Me imagino al bien y al mal
danzando en la plaza de los imbéciles
arguyendo razones de uno y otro lado,
para justificar muerte y vida,
pero ese yo en llamas
se habrá ido para siempre,
quizás al cielo, escoltado por los pájaros,
o a la tierra con la brisa que agita los arbustos.

Vendrán ahora
rezos, lamentaciones, discursos,
se hablará de mártires,
de causas justas e injustas,
pero
ese adiós sin adiós de nuestro hermano
es una señal de fracaso como humanidad.

Los vivos
recordamos por un tiempo,
protestamos por un tiempo,
pero ese hombre o esa mujer se habrá ido
por culpa de un mundo
que asesina con su indiferencia,
y nos quedaremos solos, aquí,
con la letanía de los porqués rabiosos
que fluyen hacia el olvido.
El mal lo sabe y juega con nuestra debilidad.

¿Hasta cuándo desangraremos el cuerpo madre
que nos amamanta y hermana a todos?

Los siervos de la oscuridad no van a parar:
¡Tenemos que despertar!


Autor:

Armando Lozano Hernández Militante por la paz

Estudió en Universitat Autònoma de Barcelona

Director de Espacio Ronda en Madrid