Aún no ha comenzado la campaña aceitunera y ya van 139 ataques a cultivos y 3.000 árboles dañados por colonos israelíes, según la Autoridad Nacional. 100.000 trabajadores dependen directamente del sector. La violencia ha rebajado la producción hasta el 29% del total. Los controles, las limitaciones de maquinaria y el muro ayudan a bloquear el sector más importante de la economía cisjordana

“¿Qué culpa tienen los árboles? ¿Sabe la naturaleza de guerras y de fronteras? ¿Por qué tratan de arrancar lo que nos da la vida?”, se pregunta Yasser. Es un ecologista militante, aunque no tenga carné que lo acredite ni vista camisetas con logos antinucleares. Lo es de corazón. Lo revela su cariño por la tierra que pisa, por los pájaros que hacen coro a su relato, por la brisa que llega al valle desde la alta Jerusalén. Yasser tiene 73 años, es un agricultor palestino de Beit Jala y se retuerce las manos mientras mira a su alrededor, ante el desastre que ha acabado con décadas de esfuerzo: a sus pies, olivos truncados en agosto por colonos israelíes de Gush Etzion, inútiles, aún con sus olivas a medio crecer, a pocas semanas del inicio de la campaña aceitunera. En estos campos ha trabajado el patriarca de los Al Mughrabi desde que tenía 14 años. Hacia 1980 tenía unos 300 olivares plantados. Ahora no pasa de 25, apenas 60 kilos al año. Tras el ataque de los colonos, esta temporada se queda en blanco. No hay recolección posible. “Al menos, los han cortado con hachas. Peor sería si los hubiesen arrancado o hubiesen envenenado la raíz, como le hicieron a un vecino mío. Lo que nos queda ahora es esperar a que crezcan y, mientras, mientras…”. No acaba la frase. Se rasca la cabeza. Con una tasa de paro del 20%, no es tarea fácil encontrar un trabajo en Cisjordania, y toda su familia, sus tres hijos varones y su descendencia, dependen de las aceitunas. “Tendremos que buscar algo mientras”. La primera intentona, vender la madera talada a los productores de imágenes religiosas de la cercana Belén. Menos es nada…

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vía Fuego, hacha y veneno para matar los olivares de Cisjordania – periodismohumano.