Crónica desde Gaza / enero 2013 Álvaro Herráiz San Martin


Crónica desde Gaza / enero 2013

Por: *Álvaro Herráiz San Martin

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Hace un mes que de nuevo pisé Tierra Palestina. Tenía intención de visitar Cisjordania, pero mis recuerdos más cercanos y las sensaciones vividas meses atrás hicieron que cambiara mi rumbo para de nuevo, visitar la Franja de Gaza y poder vivir de primera mano los desastres y consecuencias de la última hostilidad que lanzó el ejército sionista.

Un alto número de muertes y personas heridas, familias rotas, innumerables pérdidas materiales e irreparables daños psicológicos dieron paso a una alterable normalidad tras las conversaciones que el gobierno egipcio medió entre el gobierno gazauí  e “Israel”.
Sin embargo, y ciñéndome sobre testimonios a pie de calle y quizás, dejando de lado cualquier tipo de resolución, día tras día estoy conociendo testimonios sobrecogedores que pasan a ocupar un espacio en mi mente perturbando mi sueño nocturno.

Desde que llegué, he recopilado cada uno de los testimonios que la población palestina me ha ofrecido. Por desgracia, los verbos que han utilizado sus protagonistas tienen un pasado que no corresponde tan solo a los días que ellos mismos denominan como “guerra”, sino que las heridas de la población son reabiertas constantemente con ataques sobre tierra y mar. He aquí un número de estos aterradores testimonios que cronológicamente me he encargado de recoger:

El pasado Miércoles, 12 de diciembre de 2012, la banda terrorista “Israel” hizo su aparición frente los campos de labranza que campesinos palestinos trabajan alrededor de la población de Khan Younis.

Durante un periodo aproximado a dos horas y media dispararon con “fuego real” durante el posicionamiento de jeeps y bulldozzers a más de cien metros de la artificial valla fronteriza, llegando con uno de los disparos a alcanzar el tractor con el que se estaba arando la tierra.

Para finalizar, mientras los campesinos se retiraban sin haber completado su trabajo, las internacionales hemos recibido cuatro bombas de humo con la finalidad de acabar dispersándonos

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Dos días después, 14 de diciembre de 2012, Mohammad Salah, de 22 años, se encontraba trabajando las tierras de su familia cuando fue tiroteado por la banda terrorista “Israel”.

Hacia las 14:30pm., y tras la llegada de dos jeeps israelíes del que salieron tres soldados, uno de ellos se acercó hacia la valla fronteriza mientras daba el aviso que instaba a los labradores a retirarse. A los pocos segundos y varios metros caminados hacia la retirada, el joven recibió un disparo que le traspasó de la zona exterior a la inferior de bíceps.

Tras el ataque, fue trasladado al hospital de la población, donde le diagnosticaron un mes de baja. Sin embargo, él piensa volver nada más consiga encontrarse en posibilidad de trabajar ya que forma parte de una familia con más de quince miembros, en la que sólo trabajan cinco por y para su manutención.

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Entretanto, recogimos el testimonio de Ahmad Ghassan, 95 años, y abuelo de Mohammad. Su padre fue asesinado por los sionistas en 1948. Sus tierras, las cuales alcanzaban 600 hectáreas de territorio laborable fueron delimitadas a no más de 200, gracias a que parte de ellas se encontraban en la parte palestina que todavía no es gestionada por el estado fascista de israhell.

En sus manos podemos observar marcas de disparos recibidos durante una estancia en prisión durante la década de los 50, en el pasado siglo.
Argumenta que esas marcas de disparo también son visibles en brazos, piernas y espalda.

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Ahmad Ghassan no es un anciano cualquiera, en su mirada y sus rasgos se pueden contemplar, además del arraigo a la tierra y el más rotundo desprecio hacia las injerencias externas que sobre ésta se ciernen… Una mirada de fuerza y arrogancia en la que su brillo cobra fuerza cuando le oímos hablar de un futuro -esperemos próximo- en la que sus nietos y bisnietos recuperen las tierras que a sus padres les fueron usurpadas.

Dejando por un momento la cuestión labriega, el 16 de diciembre de 2012 visité “The Cultural Center For Palestinian Children – Ibn Khaldoun Society for Community Development”. Un centro social sito en la población palestina de Beit-Jala, muy cerca del borde donde se encuentra la banda terrorista sionista.

En este centro, varios trabajadores sociales coordinan actividades circenses, deportivas, talleres de idiomas, canto o baile enfocados para 150 niños entre 8 y 16 años que sufren problemas psicológicos (stress, ansiedad, personalidad agresiva).

El motivo por el que los niños se encuentran aquí es debido, en su mayoría, a las consecuencias psicológicas que les han proporcionado no solo haber perdido a miembros de su familia, sino haber sido observadores EN PRIMERA PERSONA de las muertes de sus seres queridos.

Tras las injerencias que Israel ha lanzado sobre Gaza semanas atrás, dos niñas han perdido a sus padres y han asistido y sido víctimas de heridas y lesiones.

La situación es muy grave, puesto que este grupo de trabajadores sociales no puede cubrir un trabajo específicamente de carácter psicológico, y el cuerpo médico gazauí es bastante reducido como para cubrir tantísimos casos. Aun así, tras los recientes ataques, se han comenzado terapias grupales en el que además de los chavales, participan también las familias.

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Posteriormente, el 19 de diciembre de 2012, los cooperantes internacionales en la Franja de Gaza nos desplazamos hacia la población de Beit Hanoun (cercana a Eretz, la zona fronteriza con el estado sionista) con la finalidad de intentar que los campesinos de la zona realicen su habitual trabajo sin hostilidad ni ataques. Durante el acto, se ha contado con la presencia de varios medios de información periodísticos que dieron repercusión al hecho.

Dando entrada a sucesos relacionados con la actividad marítima, varios internacionales acudimos el 22 de diciembre a visitar al pescador -todavia- herido Mus’ad Barakat, quien nos explicó cómo fue secuestrado por el ejército sionista posterior a ser disparado y gravemente herido en la pierna derecha, cuyas consecuencias pueden ser fatales debido a la cercanía con la que la bala alcanzo la zona púbica. Más adelante, fue sometido a varios interrogatorios en centros militares israelíes, para más tarde ser liberado y tener que recorrer -a pie- durante una hora y media, ante la agresiva mirada de los canes que guardan el borde que corresponde a jurisdicción hebrea, un kilómetro de distancia sin ningún tipo de ayuda humana o material.

Llegando al punto de control palestino, las autoridades inmediatamente llamaron al hospital más cercano para acabar trasladándose en un coche policial.

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Mos’ad ha sufrido durante dos días disparos, un secuestro, continuas amenazas físicas y psicológicas, además de haber perdido su único bote náutico y por ente, única herramienta de trabajo. Por suerte, hemos podido comprobar que tiene una familia maravillosa que además de apoyarle en este duro momento, esperando nuevas noticias médicas, nunca pierde esa sonrisa que aderezada con un humor ácido, permanece viva en lo que supone la ardua tarea de vivir y trabajar en torno a la población palestina.

Días después, Zaidan Zaidan (26 años) y Mohammad Zaidan (31 años), dos hermanos que trabajan como pescadores, al igual que gran parte de su familia, en las aguas mediterráneas que bañan la Franja de Gaza.

El pasado 23 de diciembre, comenzaron a faenar alrededor de las 5 de la madrugada. Años atrás, dotaron a su pequeña embarcación de un sistema GPS para poder ir visualizando sus movimientos y no sobrepasar las millas impuestas por el estado de israel. Alrededor de las 15.30h y encontrándose a cinco millas de la costa apareció una nave perteneciente al ejercito sionista. El bote de los hermanos Zaidan no posee más de diez caballos de cilindrada, lo que supone una potencia bastante limitada como para poder alejarse a tiempo. Además, la naviera israelí comenzó a rodearlos mientras que creaba olas artificiales con el fin de retenerlos. Una vez perdida la intención de avanzar hacia el Puerto de Gaza, el capitán de la nave les comunico que habían de desnudarse y saltar al agua. Mohammad Zaidan les hizo saber que el agua en pleno invierno y alta mar podía causar negativas consecuencias para su salud debido a las bajas temperaturas, pero no tenían otra opción, por lo que se sumergieron mientras que les lanzaban unos flotadores salvavidas con el fin de que se aproximaran a la embarcación.

Una vez dentro de la nave, fueron arrestados con las manos tras la espalda y con una bolsa en su cabeza, para más tarde ser trasladados hasta Ashdod en un periodo de cuarenta minutos. Ya en Ashdod, fueron de nuevo llevados a otro emplazamiento donde les sometieron a un chequeo médico. Entretanto, pidieron sus números móviles alegando que sus botes serían devueltos y necesitarían ponerse en contacto con ellos.

Al cabo de una hora les movieron hasta Eretz, de nuevo fueron esposados (esta ocasión, manos y piernas) y una vez allí, comenzó un interrogatorio previa amenaza chantajista. Un miembro de la seguridad sionista les comunico que no tendrían problemas para dejarlos en libertad siempre y cuando colaborasen en dar cierta información. Les presentaron un mapa aéreo de la Ciudad de Gaza y un número de fotografías personales -con nombres-, con el objetivo de que los pescadores retenidos ubicaran a estas personas en sus correspondientes domicilios.

Una vez fueron soltados, un primo les comunico vía móvil que su pequeño bote todavía seguía navegando, para más tarde ser trasladado a Ashdod mediante otras dos pequeñas naves. La familia Zaidan ha perdido cualquier esperanza de recuperar la herramienta de trabajo con el que sustentaban económica y alimenticiamente a alrededor de veinte miembros. Calculan que en Ashdod puedan encontrarse alrededor de veintiocho embarcaciones de pequeña envergadura, además de una de grandes dimensiones. Alegan su desanimo a que desde años atrás hasta la actualidad, israel tan solo ha devuelto cinco botes a sus verdaderos dueños, y siempre mediante el cobro del traslado, con múltiples desperfectos o falta de imprescindibles piezas como pueda ser el motor, además de la firma de una clausula subscrita con un numero de negativas condiciones.

La situación de la familia Zaidan se ha convertido en absoluta precariedad. El gremio de los pescadores en la Franja de Gaza está ligado a miembros de una familia que trabajan en unas embarcaciones de las que ellos mismos son los dueños, por lo que es casi imposible encontrar otro puesto de trabajo. A esto se une la dificultad de que cualquier organización pueda ayudar en materia económica.

Para finalizar, explican que la dificultad de otras familias en poderles servir de ayuda es la misma que en el seno de su familia anteriormente a la pérdida de su bote.
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Dando pie a los desastres que la guerra ha dejado, conocí personalmente a Mustafa Jazi (20 años), quien dentro de la dureza que supone cualquier desgracia ocurrida por los ataques de un ejército que ocupa tu tierra y a la par, está financiado económica y balísticamente por las más fuertes potencias del capitalismo, es uno de los testimonios más estremecedores que se han ceñido sobre una misma familia.

La familia Jazi habita en Jabalia, una de las zonas más castigadas durante los ataques israelíes de 2008-2009 y 2012. Durante la operación plomo fundido murió su hermano Mohammad, cuando tan solo contaba con 16 años de edad. Un año más tarde, sus padres tuvieron otro hijo, a quien decidieron ponerle de nombre también Mohammad, en recuerdo de su hermano.

Durante el ataque producido el pasado mes de noviembre, el domicilio de Mustafa recibió un misil de cinco toneladas, un peso habitual utilizado por “Israel” para bombardear población civil.

El ataque se cobró tres víctimas y siete heridos; Fallecieron el padre (Fu’ad Jazi), Mohammad, que ya contaba con tres años y medio de edad, y la pequeña Sohair, de dos años. La madre de Mustafa y su hermana Sundus, con 43 y 10 años de edad, respectivamente, todavía se encuentran hospitalizadas. Por una parte, la madre sufre lesiones irreversibles en la zona craneal y su hermana ha de estar por seis meses en cama debido a la ruptura de su columna vertebral, sin saber si la situación puede mejorar. El resto de sus hermanos; Osama (12), Nur (25), Ashraf (17) y Mos’ad (2 años), al igual que Mustafa, también sufrieron algunos daños que por suerte no alcanzaron la magnitud de importancia de los familiares todavía hospitalizados o fallecidos.

En cuanto a los desastres materiales, el domicilio familiar y dos casas anexas han sido totalmente destruidos. La casa de Mustafa se encuentra en actual reconstrucción gracias al apoyo económico de su tío, quien también habita en Jabalia y actualmente se ocupa de la manutención familiar. El padre era la unica persona que trabajaba dentro del entorno familiar, sustentando a la familia con un sueldo de 1000 Shekels (poco más de 200 euros).

Mustafa se encuentra en una situación de total precariedad. Ha tenido que abandonar sus estudios y no recibe más ayuda económica que la que le otorga alguna organización de Derechos Humanos. Todo esto, gracias al democrático y moderno estado sionista, quien dice ser el druida de la paz en Oriente Medio.

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Recalcar que la banda terrorista “Israel”, no cesa en su avance beligerante hacia un pueblo que me ha demostrado que sabe sonreír ante la más absoluta adversidad. Que es gente interesada en pormenores y pormayores al igual que el resto del Mundo. Sin embargo, en sus sonrisas, en sus ojos, en su picaresca, en su manera de comportarse existe un cariz demasiado extraño a la par que bello, y es que fisiología, como ciencia natural, ejerce exhaustivamente su trabajo y dota a cada una de las gestualidades de los y las pobladoras de este pueblo con una especialidad que tan solo se puede transmitir cuando además de sufrir las consecuencias de la problemática de clase, eres perteneciente a una patria ocupada y oprimida.

La vida quiere seguir avanzando en Gaza, no quiere dar tregua al Nuevo nazismo del S. XXI y sus consecuencias, entre ellas, y para finalizar en forma de homenaje, los refugiados políticos que se encuentran en cárceles sionistas, al igual que sus familias, quien en pie de lucha se manifiesta lunes tras lunes para pedir la liberación de los mismos. Interiormente, me gustaría que quien llegue a poner fin a la lectura de estas líneas, diera un personal abrazo a todas aquellas personas que como ellos y ellas, se encuentran sometidos a la más dura de las injerencias por defender lo que no solo les pertenece, sino que quieren compartir con toda persona que ama, quiere trabajar y aprender emanando de la cultura autóctona, mi gran querida Palestina.

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Álvaro Herráiz San Martin, es activista pro Palestina, su colaboración en rumbo a Gaza fue notable donde participó en la II Flotilla, en estos momentos se encuentra en la franja de Gaza en un proyecto de solidaridad con el pueblo de Gaza y prepara trabajos sobre el terreno.

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