Un pequeño aparato que entrañaba todo un mundo
Un comunicador que tenía la llave de ese mundo
Un estudiante de español que penetraba en ese mundo
Mis recuerdos de los primeros meses y años en España, no podían ser contados sin la referencia al recién fallecido, el gran comunicador Pepe Domingo Castaño, ¡en paz descanse!

Era la década de los setenta y con mucha ansiedad quería aprender el español, quería saber de esta gente que me rodeaba, quería conocer los entresijos de esta sociedad que me acogió sin preguntas, más allá de ¿de dónde eres y por qué has venido a España?, por lo demás era tratarme como uno más. ¿Pero cómo podía serlo sin entenderles?
Gracias a las clases, el cine y la radio, pude en tres meses, empezar a diferenciar las palabras del español que me sonaban al principio como un sonido lineal.

Como joven veinteañero, la música me hacía sentir cercano a la gente que me rodeaba, de ahí la radio era mi salvación, pero sin la voz de Pepe Domingo Castaño no era posible. Con él escuché las canciones del momento y supe como saborear la música de España de entonces.
A ti Pepe, te debo este favor que me hiciste llegar a través de las ondas, tu voz era un bálsamo para un joven que se encontraba extraño, entre gente a quienes no entendía y no le entendían con su español troceado.
Sirvan estas palabras de réquiem por ti Pepe Domingo Castaño, que dejas un entrañable legado. ¡Que seas feliz donde estés!



