Jimi Hendrix en Gaza

Somos soldados cara-perro
sudando gasolina por los cuatro costados,
respiramos oxiodio, el elixir de los valientes,
a la derecha, ratatatá, ratatatá,
a la izquierda, ratatatá, ratatatá.
Los tenemos bien puestos,
somos así de machotes, orinamos fuego y azufre.
No preguntamos, disparamos: ratatatá, ratatatá.

No hay carne que no devoremos,
no hay cuerpo que no desollemos,
embadurnados de sangre hasta el cuello
vivimos de la muerte y para la muerte:
ratatatá, ratatatá,
el dulce olor a pólvora nos coloca,
el miedo en sus ojos nos pone cachondos.

Ratatatá, ratatatá,
disparamos a todo bicho viviente,
pisoteamos y machacamos huesos,
no atendemos a súplicas ni llantos,
nos hemos convertido
en los señores de esta tierra quemada.

Ratatatá, ratatatá,
con ojos enrojecidos y dientes apretados
rematamos la faena escupiendo hierro
por nuestros brillantes fusiles de asalto.

Ratatatá, ratatatá,
como camaradas de una nueva hermandad
avanzamos entre bromas y carcajadas para relajarnos.
¡Miradnos! ¡Estáis viendo a los héroes
que acabarán para siempre con Amalek!
Alguna medalla nos caerá por esta carnicería.
¡Los libros de historia contarán nuestras hazañas!

Y mientras tanto mi pobre yo,
prisionero de un sufrimiento que no me deja,
se pregunta cómo podéis usar una lengua sagrada,
para arrasar con la vida dada por el Creador.
Pikuaj nefesh, “salvar una vida”,
es el mandamiento que reina sobre los demás.
¿No aprendisteis esto en la sinagoga?
¿Qué significa el precepto aquí en Gaza?
¿De qué vida estáis hablando?
Os habéis convertido en jueces
más poderosos que el propio Dios.


Autor:

Armando Lozano Hernández Militante por la paz

Estudió en Universitat Autònoma de Barcelona

Director de Espacio Ronda en Madrid