Ensayo del poema «Yo quise ser» de Abdo Tounsi, escrito en octubre de 2016

El poema:
Yo quise ser el soplo de una brisa de Oriente.
Yo quise ser el aliento de Occidente.
Yo soy el Mediterráneo.
Mar, lago, charco que baña las orillas del encuentro.
Canto y bailo al son de la guitarra y laúd.
Mis olas, mis olas son la frágil cintura de Zulema.
Van y vienen con el canto jondo de mi Andalucía.
El Mediterráneo se presenta como un ser consciente que vive al ritmo de las culturas que lo rodean. Es un testigo eterno de la historia, uniendo Oriente y Occidente a través de sus aguas.
En sus olas se refleja la esencia de civilizaciones pasadas y presentes, simbolizadas en la danza de Zulema, una bailarina andaluza.
Este mar es un espacio de encuentros, donde la música y la vida se entrelazan, prometiendo historias y sueños infinitos.
El Mediterráneo siempre ha sido un mar lleno de historias y leyendas. En sus aguas se han tejido sueños y encuentros, y sus olas han transportado melodías que resuenan entre sus orillas.


Imaginemos que el Mediterráneo es un ser consciente, un ser que siente y vive al ritmo de las culturas que lo rodean. Se nos presenta como un mar tranquilo y soñador, extasiado por la diversidad que lo enmarca.
Por un lado, ansía ser el soplo de Oriente, una brisa amable que acaricia los rostros de los caminantes y los navegantes. Por otro lado, desea ser el aliento de Occidente, aquel que revitaliza y brinda nuevas esperanzas a quienes lo atraviesan.
Este mar no es cualquier mar; es un testigo eterno de la historia.
Sus aguas se han convertido en el charco que baña las orillas del encuentro entre civilizaciones que han dejado huella en su interior.
Sus olas acarician sin cesar la frágil cintura de Zulema, una bailarina que representa la esencia misma de Andalucía, llevando en sus movimientos el canto jondo que le ofrece el aire en cada respiración.


Este Mediterráneo contempla con serenidad los paisajes cambiantes y las culturas que a lo largo de los siglos se han asentado alrededor de sus costas.
Escucha el sonido de la guitarra y el laúd, instrumentos que capturan la esencia de un pasado lleno de pasión y aventura y lo transforman en un presente vibrante, lleno de vida.
Así, el Mediterráneo baila al compás de una fiesta que nunca termina, una danza eterna que une el pasado con el presente, Oriente con Occidente, y permite que las olas cuenten una historia llena de melancolía, esperanza, y la promesa de encuentros infinitos.
Porque donde hay agua, siempre habrá vida, y en las entrañas del Mediterráneo, siempre habrá sueños por contar.

