Nagorno Karabaj: 25 años de independencia


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Nagorno Karabaj:

25 años de independencia

clip_image004 Moncho Iglesias Míguez,

para TunSol

 

La República de Nagorno Karabaj, cuyo nombre combina turco y persa (kara: jardín, baj: negro), con ruso (nagorno: montaña), es incluso desconocida en su propio lugar, donde se la conoce como Artsaj, el nombre originario en armenio. Esta república inexistente en los mapas, es un arcano atrapado entre Armenia y Azerbaiyán, en un territorio montuoso independiente e invisible más alá de sus cordilleras.

Nagorno Karabaj es un montañoso jardín negro, reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán, pero dirigido por su propio gobierno, solo aceptado por otros estados que mantienen ese mismo estatus: Abasia, Osetia del Sur y Transnistria. A pesar de estar dentro de territorio azerbaiyano, Armenia controla la única frontera accesible, además de brindarle apoyo financiero y militar desde la guerra que hubo de 1988 a 1994, una guerra en la que las bombas sembradas en el terreo y en las gentes afloran de vez en cuando.

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El cese al fuego de 1994 no fue más que una continuación de la situación de inestabilidad anterior. Armenia y Azerbaiyán se disputaron el territorio, mayormente ocupado por armenios, tras la revolución rusa de 1917. Cando en 1920 los bolcheviques consiguieron hacerse con el poder en Armenia, prometieron entregarles el territorio de Nagorno Karabaj; el problema es que prometieron lo mismo a Azerbaiyán, para así contentar a los turcos. A pesar de esto, el nacimiento de la URSS permitió olvidar el conflicto hasta la disolución del bloque socialista, cuando resurgió el problema.

En 1988 los armenios de la capital artsaja, Stepanakert, se manifestaron a favor de la unificación con Armenia y tres años más tarde declararon la independencia. Al mismo tiempo, azerbaiyanos y armenios libraron una guerra en la que murieron más de 30.000 personas y otros miles perdieron su hogar.

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La existencia de esta república sigue silenciada de igual manera que el conflicto, una batalla satélite más, solo reconocida de vez en cuando; sobre todo cuando la atención se desvía hacia Rusia y hacia la situación de seguridad en la zona postsoviética. No obstante, el interese ruso por mantener las relaciones con las repúblicas de la unión y el de Europa por estabilizar unas fronteras que pueda controlar no son los únicos implicados en el silencio de la república montañosa. Israel, preocupada por los movimientos de cualquier país enemigo, tiene en Azerbaiyán un aliado perfecto: vigila a Irán, mientras ser sirve del estado judío para venderle petróleo y comprarle armamento.

Azerbaiyán es un socio estratégico para Israel. Ahora que las relaciones con Turquía están deterioradas, la amistad con Azerbaiyán permite controlar Irán a la vez que se trazan lazos invisibles con los turcos. Y es que los azerís consideran Turquía un aliado que non tiene relaciones diplomáticas con Armenia, de igual manera que los azerís son vistos como aliados por Israel, que non reconoce el genocidio armenio, una estrategia para mantener las buenas relaciones con ambos países: Turquía y, sobre todo, Azerbaiyán. Es por ello que Israel no tiene interés en que el conflicto de Nagorno Karabaj acabe, ya que eso podría provocar que perdiese su influencia en la zona.

Paralizado hacia el exterior, desde dentro el conflicto no deja de ser un conjunto de mechas siempre a punto de prender. Así y todo, la tensión está focalizada en el extremo más oriental, en los límites con Azerbaiyán; ya que, aunque este país rodea todo el territorio, la única entrada a Nagorno Karabaj, por tierra, es a través de un corredor apátrida bajo el control de Armenia.

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Las montañas son la frontera natural y la vía de acceso una carretera sinuosa que la une a Ereván, la capital armenia, en un trayecto que puede llevar cerca de medio día. La salida de Ereván es una despedida al cemento y al hormigón, y una bienvenida a un peregrinaje entre montes que acaban en un valle, Goris, la última aldea antes del corredor de Laçin. Esta pequeña carretera azerí ocupada por Armenia permite llegar, de forma presuntamente ilegal, al puesto fronterizo de Nagorno.

Un arroyo sirve como señal para marcar el principio de la república. Por encima de él: las banderas de Armenia y de la República Montañosa de Karabaj, y un cartel informativo que da diversos datos sobre el país: tiene diez ciudades y 217 núcleos rurales, con una superficie algo inferior a la de la provincia de Pontevedra (según la constitución del país y el acuerdo de paz con Azerbaiyán, que mantiene varias regiones ocupadas) y una población que non llega a los 150.000 habitantes. El presidente, elegido cada cinco años, decide el primero ministro y aprueba la composición del gobierno, que cuenta con once ministerios. La religión mayoritaria es la apostólica armenia, que llegó a la zona en el siglo I. El clima es suave y destaca por las aguas minerales, que tienen propiedades curativas.

Tras la breve introducción, una señal indica la siguiente parada: una caseta donde mostrar el pasaporte y en el que solicitar la entrada al país. La misma carretera que atraviesa Armenia y el limbo que la separa de Nagorno, recorre las montañas de la república montañosa hasta la capital, Stepanakert. La ciudad se concentra en una plaza central con luces de tres colores y muchachas que pasean engalanadas con zapatos de tacón de agujas larguísimas frente a las miradas de muchachos que parecen repetir los mismos juegos todos los días.

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Además de centro geográfico, la plaza del Renacimiento es el eje administrativo del país, donde están el palacio presidencial, el parlamento y las oficinas del gobierno, además de varios ministerios, la asociación de veteranos de guerra, el teatro y la oficina central del banco estatal. Desde esa calle nuclear salen otras cuatro, donde se sitúa el resto de la historia del país: la universidad estatal, y diferentes museos e iglesias que conectan con las otras aldeas y cordilleras, como el de Tatik u Papik, una estatua de un anciano de barbas y una mujer que lleva velo. «Somos nuestras montañas» es el nombre de este símbolo del país, que representa a un padre y a una madre unidos a la tierra y a las montañas.

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La unión de la gente a su tierra está representada en las imágenes, pero también en las propias personas. Orgullosos de lo suyo, mantienen el dialecto dentro del territorio y exportan a través del sello de Armenia productos propios, sobretodo coñac, sin necesidad de emigrar, pues están establecidos y no son nómadas, como los pueblos vecinos. Esta marca de identidad, además de su fe cristiana, que fue la que provocó los primeros enfrentamientos con los vecinos de fe musulmana, diferencia a la gente de Nagorno Karabaj del resto de caucásicos.

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El silencio de artillería no es común en esta zona, pero la preocupación internacional está desviada hacia la protección de fronteras europeas o hacia Siria y el Estado Islámico debido a esas personas que tratan de huir de ahí para entrar en Europa. La falta de reconocimiento del enclave de Artsaj y de las guerras libradas en su territorio durante siglos hace del conflicto una batalla callada en la que sigue a haber víctimas a la vez que continúan sus vidas y las de sus habitantes. Tras veinticinco años de independencia unilateral, Nagorno Karabaj permanece aislada del mundo, entre limbos de asfalto que la conectar a la tierra e infiernos de balas que la separan de ella.

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