Armando Lozano
Traen al hospital
a un niño muerto
encontrado entre los escombros.
Nadie le reconoce,
no saben su nombre,
no tiene padres ni familiares,
-quizás todos fallecieron-.
Es uno entre 10.000,
es uno solo entre miles,
es casi nada ni nadie,
hay tantos otros
por los que llorar.
Pero este niño solo,
inmensamente solo,
nos embrutece,
abofetea nuestra conciencia,
no podemos ignorarle,
y, sin querer, lo hacemos.
¿Qué nombre le pondremos
en su sudario blanco?
Un niño huérfano
en su propia muerte
es la mayor tragedia,
la soledad más estéril,
sin madre que le abrace,
entre el caos de pasillos,
heridos, gritos,
carreras de sanitarios,
personas angustiadas
sin rumbo, …
Este niño vale tanto
como todo un pueblo
y sólo nos queda pedirle a Dios
que le bendiga
y haga de padre y madre
en estas horas tristes,
llenándolo de besos y abrazos
todos los días de su vida
hasta que llegue su resurrección.
¿En qué nos hemos convertido?

Autor:
Armando Lozano Hernández Militante por la paz
Estudió en Universitat Autònoma de Barcelona
Director de Espacio Ronda en Madrid



