CRÓNICA II DESDE GAZA / ENERO 2013


CRÓNICA II DESDE GAZA / ENERO 2013 Solidarios internacionales

Por: *Álvaro Herráiz San Martin

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Ojalá llegue el día en que comunique entre amigos y familiares la noticia de un viaje a Palestina, y que la primera idea que pase por las mentes de todos los receptores del mensaje sea en términos de turismo, visita a amigos… o simplemente, disfrutar de unas semanas del Sol Sudeste Mediterráneo.

Sin embargo, la ocupación sionista continúa, irrumpiendo en la cultura e idiosincrasia de la zona, causando día tras día enormes daños morales, físicos e irreparables pérdidas.

Es duro visitar decenas de familias que han visto con sus propios ojos la pérdida de un ser querido, estando ésta aderezada por un cruel contexto en que la sangre mezclada con los desastres materiales cobra innato protagonismo. Sin embargo, pese a ser duras palabras, la misma población nos enseña a ser más fuertes que la adversidad para aprender a manejarla a golpe de convivencia, sonrisas, bromas y eternas conversaciones al calor de un té manipulado con el interior de nuestras manos.

Ojalá llegue el día en que las noticias sean totalmente prescindibles, tanto como lo es la ocupación derivada de la supremacía de los más fuertes, de aquellos que desde los patios de escuela, ciernen sus miedos y complejos hacia los trabajadores, los honestos, los humildes… Ojalá llegue el día que estar aquí no sea necesario.

Sin embargo, con el tesón y la fuerza transmitida por todas aquellas personas que ante la desidia del odio, prefieren seguir luchando, continuo la labor de intentar sensibilizar a toda persona a quien el corazón le palpite rápidamente ante la lectura de los siguientes testimonios, y en su mente, comience a preguntarse, ¿por qué?, para más tarde, llegar a la firme conclusión y propio auto-dictamen, citando: soy necesari@.

 

8 de enero de 2013, un grupo de internacionales residentes en la Franja de Gaza nos desplazamos hacia Jabalia, donde visitamos a los supervivientes de la familia Al-Jazi y conocimos de primera mano los testimonios de Amna Al-Jazi (esposa de Fu’ad Al-Jazi y madre de los pequeños Mohammad y Sohair, quienes murieron durante el último ataque que Israel lanzo sobre la Franja) y Nour Al-Jazi (hija del matrimonio Al-Jazi, que con tan solo 17 años puede perder la movilidad de por vida).

Amna tiene 43 años y ya en 2009 sufrió la pérdida del primogénito de la familia, Mohammad, quien con 17 años se encontraba paseando en la calle junto a unos amigos. Durante la muerte de éste, Amna estaba embarazada y posteriormente a dar a luz, decidió dejar el nombre del hermano desaparecido al recién nacido. En 2012, contando éste con 3 años de edad y acompañado de la siguiente criatura que un año después Amna dio a luz, un cohete alcanzo la vivienda familiar y los dos pequeños murieron en el acto.

A día de hoy, Amna sufre una capilepsia que le impide andar, además de padecer constantes vértigos. Entre otros males, su hombro derecho quedó roto tras el impacto de la explosión. Tras el atentado cometido por la barbarie sionista, Amna fue ingresada en el hospital de Shifa -Centro de Gaza-, para días después ser trasladada hacia El Arish, pueblo egipcio a 40 km. del borde fronterizo, donde permaneció seis días hasta, de nuevo trasladándola, intentar en Cairo dar alguna solución a su problema. Finalmente, hubo de volver a Gaza debido a que después de la ingestión de medicamentos proporcionados, éstos no dieron el resultado esperado.

Una operación podría resultar mortal debido a su delicado estado de salud, ciñéndonos a que los problemas craneales están identificados en el cerebelo. Incluso la operación para solucionar el problema óseo también podría acabar con su vida.

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Sin embargo, cabe la posibilidad que tras una leve mejoría, pueda ser de nuevo trasladada a Egipto o incluso, Turquía, estado que ofrece ayuda económica hacia este tipo de casos. La familia ve imposible la opción de intentar el traslado a hospitales de jurisdicción israelí, puesto que habría de solicitarse un permiso -previa autorización de Ramallah, para ser enviado al ministerio pertinente en el estado sionista y esperar una respuesta que, en caso de llegar, habría más posibilidades estadísticas de que ésta fuera negativa.

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Por otra parte, Nour, que al contrario que su madre, recuerda lo sucedido hecho tras hecho, nos comunica que se encontraba jugando con sus hermanos cuando se produjo la explosión, desplazándola ésta diecinueve metros y golpeándose contra la esquina de una pared cuando había cruzado los muros que la condujeron a casa de los vecinos. Estos hechos le produjeron la ruptura de la tercera, cuarta y quinta vertebra. Ha de estar en total reposo durante seis meses, para más adelante poder calificar la gravedad de la lesión y dar un diagnóstico más exhaustivo.

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Actualmente, la familia se encuentra viviendo en una casa que ha sido alquilada por un familiar cercano. Entretanto, vecinos y amigos de la familia han aportado un dinero con la finalidad de que la casa en la que anteriormente vivían sea reconstruida, prometiendo que, cuando el gobierno u organizaciones como la UNRWA puedan financiar los gastos del inmueble, devolverán el dinero a los prestamistas.

Para finalizar, antes de despedirnos de la familia, se presentó el pequeño Mos’ab, quien todavía tiene visible en su ojo izquierdo las secuelas de este ataque recientemente narrado. Nos dirigimos de vuelta, tomando nota de las precarias condiciones en que familias que contaban con tierras para labrar, botes para salir a faenar y con presentes y futuros prometedores, ven inundándose sus respectivos habitáculos, sitos en campamentos de refugiados debido al desplazamiento forzado que hubieron de aguantar debido al robo que el invasor sionista ejecutó sobre sus auténticos hogares.

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La familia de Naser Abu Saeid vive actualmente en las afueras de la población gazatí de Al Maghazi. Su historia, como cualquier otra que estoy conociendo durante unos días en los que Gaza se torna melancólica debido al efecto de las constantes lluvias, bajas temperaturas y tempestades marítimas, abre un hueco diario para que su población vea el Sol en un período de inestabilidad en cualquiera de los sentidos.

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Naser vivía en una casa situada a 300 metros de la valla que separa Palestina de la Palestina Ocupada. Durante la operación “plomo fundido”, sus hijos se encontraban en los aledaños del habitáculo cuando los soldados sionistas comenzaron a disparar. La esposa de Naser se precipitó de inmediato a recoger a los niños y fue víctima de un disparo mortal.

Cuatro años después, en la última abatida que Israel lanzó sobre Gaza, la familia de Abu Saeid tornó a ser víctima de un feroz ataque. Naser, años atrás, contrajo matrimonio de nuevo, y con ello, vinieron más hijos. Por suerte, tras el bombardeo y continuo ráfagas de disparos, tres de los pequeños resultaron heridos y no hubo ninguna víctima mortal, lo que impidió una catástrofe semejante a la anterior.

Sin embargo, en ésta ocasión, los daños materiales superaron los físicos, siendo su casa totalmente destruida y habiéndose que desplazar metros más atrás del hogar, hacinándose en tiendas de campaña y malviviendo en unas condiciones calamitosas, donde la familia ha de luchar contra frío y lluvias, cuando el agua se deja ver caer entre camas, mantas y electrodomésticos.

Naser comenzó a construir una nueva casa, sin embargo, su situación económica impide acabar de construirla y cada mañana, mira con resinación los resquicios que quedan de su vivienda anterior, a la par que se pregunta cuándo podrá terminar su nuevo hogar.

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Actualmente, no recibe más ayuda que de vecinos y amigos, recordando que muy de cuando en cuando aparece alguna organización con algo de alimento o dinero y destacando que son casos extremadamente particulares, ya que solicitó ayuda a organizaciones cristianas y no recibió respuesta alguna. Por otra parte, cita que son cientos los fotógrafos que aparecen a menudo a tomar algunas fotografías, sin que después haya notificación alguna de una posible e imprescindible ayuda.

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La familia de Naser Abu Saeid vive actualmente en las afueras de la población gazatí de Al Maghazi. Su historia, como cualquier otra que estoy conociendo durante unos días en los que Gaza se torna melancólica debido al efecto de las constantes lluvias, bajas temperaturas y tempestades marítimas, abre un hueco diario para que su población vea el Sol en un período de inestabilidad en cualquiera de los sentidos.

Naser vivía en una casa situada a 300 metros de la valla que separa Palestina de la Palestina Ocupada. Durante la operación “plomo fundido”, sus hijos se encontraban en los aledaños del habitáculo cuando los soldados sionistas comenzaron a disparar. La esposa de Naser se precipitó de inmediato a recoger a los niños y fue víctima de un disparo mortal.

Cuatro años después, en la última abatida que Israel lanzó sobre Gaza, la familia de Abu Saeid tornó a ser víctima de un feroz ataque. Naser, años atrás, contrajo matrimonio de nuevo, y con ello, vinieron más hijos. Por suerte, tras el bombardeo y continuo ráfagas de disparos, tres de los pequeños resultaron heridos y no hubo ninguna víctima mortal, lo que impidió una catástrofe semejante a la anterior.

Sin embargo, en ésta ocasión, los daños materiales superaron los físicos, siendo su casa totalmente destruida y habiéndose que desplazar metros más atrás del hogar, hacinándose en tiendas de campaña y malviviendo en unas condiciones calamitosas, donde la familia ha de luchar contra frío y lluvias, cuando el agua se deja ver caer entre camas, mantas y electrodomésticos.

Naser comenzó a construir una nueva casa, sin embargo, su situación económica impide acabar de construirla y cada mañana, mira con resinación los resquicios que quedan de su vivienda anterior, a la par que se pregunta cuándo podrá terminar su nuevo hogar.

Actualmente, no recibe más ayuda que de vecinos y amigos, recordando que muy de cuando en cuando aparece alguna organización con algo de alimento o dinero y destacando que son casos extremadamente particulares, ya que solicitó ayuda a organizaciones cristianas y no recibió respuesta alguna. Por otra parte, cita que son cientos los fotógrafos que aparecen a menudo a tomar algunas fotografías, sin que después haya notificación alguna de una posible e imprescindible ayuda.

Mohammad, de diez años, dormía en un edificio bombardeado el 19 de noviembre, donde su primo Muhammad y sus tías Nesma y Saha fueron asesinados. Después de estar en U.C.I. del hospital de Shifa. Recibió tratamiento por sus graves lesiones en la cabeza en el hospital tunecino Mongi Ben Hamida. Durante dos veces a la semana, Mohammad ha de seguir con el tratamiento de drenaje que le proporciona la recuperación de sus tejidos craneales.

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Mohammad Abu Zour nació en 2009 durante la operación “Plomo Fundido” y fue asesinado en 2012 durante la operación “Pilar de Defensa”.
Mohammad se encontraba durmiendo en su habitación, sita en una casa del barrio de Al-Zeytoun, a las afueras de la ciudad de Gaza, cuando un misil teledirigido cayó sobre la misma, causándole la muerte casi de inmediato. El ataque fue un primer cohete, seguido de inmediato por una bomba lanzada desde un F-16 que destruyó el hogar mientras los miembros de la familia estaban tratando de escapar. Dos de sus tías -Nesma (20) y Saha (20)- también murieron, dejando atrás a dos niños cada una.

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La noche en que murió Mohammad tenía problemas para dormir a causa de las bombas y se despertó en dos ocasiones. Su padre, intentó enviarle de nuevo a dormir, para que después de unos minutos, el misil teledirigido conectara con su casa. A medida que la familia huyó del edificio, su padre trató de mover a su hijo a una zona más segura, sin darse cuenta de que ya estaba muerto.

Omar Ismail, de 21 años, se encontraba caminando el pasado Viernes junto a su amigo, Anuar Mohammad, de 20 años, hacia el cementerio cercano a la población y Campo de Refugiados de Jabalia, donde yacen los restos de multitud de mártires víctimas de la barbarie sionista.

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Alrededor de las 16:00, hora y media después de su llegada, comenzaron a caminar cerca del borde fronterizo con la Palestina Ocupada. Es tradición entre la ciudadanía palestina el pasar las tardes de las jornadas festivas añorando sus no lejanas tierras, las que fueron robadas por el monstro estatal israelí.

Los dos muchachos avistaron un grupo de amigos que allá se encontraban y se dirigieron a saludar, eran un total de trece personas encontradas a más de 100 metros del borde.

Una vez solos, tornaron a caminar y a aproximadamente 40 metros del borde y divisaron cómo se acercaban cuatro jeeps, de los que salieron doce soldados. Entretanto, Omar comenzó a recibir disparos a la par que la zona comenzó a ser gaseada. Anuar, su amigo, se precipitó a ayudarle cuando fue alcanzado por una bala en la zona derecha del vientre. El resto del grupo intentaba huir, hasta que decidieron volver a recoger el cuerpo yacente. No obstante, los soldados no daban tregua y retomaron el tiroteo, aunque el grupo logró recuperar el cuerpo de Anuar, quien fue trasladado en un motocarro hacia el hospital más cercano, tan solo para certificar su fallecimiento.

Por su parte, Omar ya se encuentra en casa. Ha sufrido daños en la rodilla izquierda y en los dos talones. Mañana ha de visitar el hospital con el objetivo de comenzar un tratamiento de drenaje que rehabilite sus tejidos, ya que las balas lograron penetrar hasta la zona ósea.

Para finalizar, Omar nos narra que esta noche no ha podido dormir debido a los constantes recuerdos del suceso y teme que esto torne a sucederle durante mucho tiempo.

 

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Por su parte, Mohammad Ismail, hermano de Omar, fue atacado en 2010, cuando solo contaba con 15 años de edad. El ejército sionista entró vía terraquea hacia el Este de Jabalia y comenzó a tirotear y bombardear.

Tuvo que ser trasladado a Egipto debido a la cantidad de heridas en su cuerpo y corría peligro de que varios dedos de su mano fueran amputados. Allí permaneció durante cuatro meses hasta que consiguieron estabilizar su situación. Sin embargo, narra que estuvo bastante grave y que la recuperación, además de dura, se volvía en ocasiones a un peor estado hasta que finalmente, y con un constante seguimiento médico, logró salir adelante.

La madre de Omar y Mohammad explica aterrorizada que no sabría cómo asimilar el martirio de alguno de sus hijos y teme que Omar vuelva a acudir a la zona del cementerio donde ahora se encuentra su desaparecido amigo, Anuar.

 

*Álvaro Herráiz San Martin, es activista pro Palestina, su colaboración en rumbo a Gaza fue notable donde participó en la II Flotilla, es estos momentos se encuentra en la franja de Gaza en un proyecto de solidaridad con el pueblo de Gaza y prepara trabajos sobre el terreno.

 

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