Las paradojas que mandan en la historia

Cómo las paradojas institucionales de hoy y la memoria de Murcia reafirman la historia de convivencia y ciencia en al-Ándalus. Existen relatos que la propaganda intenta desdibujar, pero que la evidencia histórica rescata con implacable nitidez. Frente a las voces revisionistas que se obstinan en negar la realidad de convivencia, diversidad cultural e innovación científica que caracterizó a al-Ándalus, la paradoja de los hechos presentes vuelve a inclinar la balanza a favor de la verdad. En fechas recientes, dos hitos de la actualidad cultural e institucional han pretendido reivindicar marcos narrativos locales o de la baja Edad Media cristiana; sin embargo, al rascar la superficie de ambos acontecimientos, emerge indiscutible el poso indeleble del legado andalusí.

1. El Pacto de Tudmir: El reconocimiento involuntario del modelo andalusí

 La reciente aprobación por unanimidad en el Pleno del Ayuntamiento de Orihuela para declarar el año 2026 como el «Año del Rey Teodomiro» ofrece una fascinante contradicción. La iniciativa conmemora el 1.313 aniversario del célebre Pacto de Tudmir, firmado en el año 713 entre el magnate visigodo Teodomiro y el general islámico Abd al-Aziz ibn Musa.

Resulta llamativo que sectores políticos que habitualmente cuestionan o invisibilizan la huella andalusí impulsen hoy esta conmemoración. Al calificar a Teodomiro como «rey» —un anacronismo evidente, pues nunca ostentó la dignidad real, sino la de un conde o duque territorial dux visigodo—, se intenta forzar una narrativa de continuidad monárquica que minimice la ruptura histórica. Sin embargo, el efecto real de situar este hecho en el foco público es justamente el opuesto: poner de relieve la naturaleza pactada, tolerante e institucionalizada sobre la que se erigió al-Ándalus.

«El Pacto de Tudmir (sulh) no fue una sumisión por la fuerza ni una aniquilación cultural, sino una capitulación garantizada que aseguró la libertad religiosa, el respeto a la propiedad y la autonomía administrativa de la población local a cambio del tributo. Fue la piedra angular de la expansión islámica y la posterior articulación del estado andalusí.»

Lejos del mito de la conquista exclusivamente sangrienta o la erradicación social, Tudmir prueba que la llegada del islam introdujo una articulación política basada en el derecho y el pacto sociorreligioso. Reconocer el acuerdo de 713 implica admitir que al-Ándalus nació sobre cimientos de negociación y convivencia institucional.

2. La Cirujana Doña Jamila y el modelo médico de al-Ándalus

El segundo acontecimiento ha tenido lugar en el ámbito académico: la Universidad de Murcia ha inaugurado el Centro de Habilidades Clínicas «Cirujana Doña Jamila», destinado a reforzar la formación práctica en Ciencias de la Salud. La iniciativa busca dar visibilidad a una mujer médica que ejerció en la Murcia medieval.

La figura de Jamila encierra una riqueza conceptual extraordinaria. Portando un nombre de clara etimología árabe, Jamila (Yamila – Bella) era una mujer judía que creció y se formó en la fértil interculturalidad médica andalusí, donde la ciencia no entendía de exclusiones dogmáticas. Si bien desarrolló parte de su labor bajo la órbita castellana tras la incorporación de Murcia en 1243 por el infante Alfonso (futuro Alfonso X el Sabio), su propio perfil es tributario del saber metodológico y hospitalario consolidado durante los siglos de esplendor andalusí.

Tras 1243, y bajo el reinado de Alfonso X el Sabio —monarca que asimiló y dio continuidad a la política de coexistencia y traducción iniciada en al-Ándalus—, la sanidad murciana continuó siendo un espacio plural. El Consejo municipal contrataba regular a médicos y cirujanos musulmanes y judíos para velar por la salud pública colectiva. Los registros históricos municipales documentan con precisión esta red de profesionales contratados por el concejo murciano entre los siglos XIV y XV:

  • 1383 Abrahim Abenbahi Médico judío
  • 1405 Maestre Farach Médico y cirujano musulmán

Esta nómina refleja cómo la praxis médica andalusí —donde el conocimiento científico prevalecía sobre el dogma— se mantuvo viva durante generaciones. No fue sino hasta las prédicas intolerantes del dominico Vicente Ferrer y las ordenanzas restrictivas de 1412 (que prohibieron a judíos y musulmanes ejercer como boticarios, cirujanos o físicos) cuando este modelo de convivencia en la salud comenzó a fracturarse artificialmente.

Conclusión: La razón histórica frente al prejuicio

Intentar silenciar el legado de al-Ándalus, resulta imposible habiendo episodios como estos que iluminan lo que aflora de al-Ándalus, estos vienen a confirmar su grandeza: un espacio sociopolítico y cultural donde la ciencia, la medicina y el pacto social florecieron gracias a la colaboración plural entre comunidades. La razón histórica, avalada por los documentos y la memoria, sigue venciendo a las narrativas de la exclusión.