BREAKING THE SILENCE: CÓMO SER CÓMPLICES SIN PARECERLO


BREAKING THE SILENCE: CÓMO SER CÓMPLICES SIN PARECERLO

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Estas semanas ha estado de gira por España Yehuda Shaul, uno de los fundadores de la organización de exmilitares israelíes Breaking The Silence, presentando en conferencias y entrevistas el último libro de esta organización “El libro negro de la ocupación” (El Viejo Topo).

Breaking The Silence (Rompiendo el silencio) se define a sí misma como una organización de ex soldados israelíes, que desde la segunda Intifada “relatan los excesos de la ocupación, el abuso contra los palestinos y el deterioro moral de las reglas militares israelíes en nombre de la defensa” de Israel.

Aparentemente, podría ser una buena noticia que del interior del estado sionista, y especialmente desde su ejército, surjan más voces que denuncien los crímenes contra la humanidad que Israel lleva cometiendo 67 años contra el pueblo palestino.

No obstante, tras leerles, oír lo que desean decir, y tras preguntarles y escuchar sus respuestas, se acaba comprendiendo que ni esta organización, ni Yehuda Shaul en particular, consiguen ser parte de la solución al sufrimiento del pueblo palestino.

Como verificación de quién teníamos enfrente, desde BDS-Madrid pudimos hacerle a Yehuda Shaul algunas preguntas muy concretas en la presentación que hizo el 23 de junio de 2015 en la librería Traficantes de Sueños, y entre ellas las siguientes:

 1- ¿Considera que usted personalmente ha cometido actos criminales?

 2- ¿Considera que el gobierno israelí y su cúpula militar han cometido actos criminales punibles judicialmente?

 3- ¿Considera que Israel lleva cometiendo desde 1948 crímenes contra la humanidad y más específicamente, de limpieza étnica contra los palestinos?

Su respuesta fue: “no soy juez para poder decir eso, nosotros sólo relatamos hechos sobre el terreno, y la única enfermedad de lo que sucede es la ‘ocupación’”

De pronto se desvaneció cualquier referencia explícita a criminalidad. No sólo la terminología que utilizan es especialmente calculada y a la vez retórica. Cuando finalizan sus charlas con lo único que se sale en claro es que “Israel comete excesos” o el Ejército Israelí “asesina” (ocasionalmente utilizó ese término).

Pero eso no basta.

Sin necesidad de escuchar a Breaking The Silence, cada vez más ciudadanos tienen asumido el carácter criminal sionista cuando los propios medios de comunicación de masas afines a Israel no pueden ocultar cómo asesina a 2.200 civiles en Gaza durante la última masacre de 2014, pero cómo también día a día destruye y priva a los palestinos de viviendas, atención sanitaria, alimentos, infraestructuras, cultivos, pesca, agua o electricidad, avanza en su ocupación del territorio o mata a diario en Gaza y Cisjordania.

La única innovación que realiza Breaking The Silence -y Yehuda Shaul- a este relato criminal de 67 años es la de hacerla en su condición de ex militares israelíes -y ahí entramos en esa miserable balanza de valorar más un testimonio israelí que mil testimonios palestinos- pero además lo realizan siempre desde un plano retórico y vago, y la sensación final es la de que nos han removido la fibra emocional pero silenciando o guardándose para ellos el cómo se desanuda ese ovillo para el futuro.

Cometen muchos “errores” (por ser suaves) mientras relatan sus “excesos”: no sólo no hacen llamamiento a la objeción de conciencia y se enorgullecen de su ejército al que llaman por ese nombre repulsivo de “Fuerzas de Defensa Israelíes”, sino que llaman de forma repetida “terroristas” a los resistentes palestinos contribuyendo a la demonización manipulada de la legítima defensa palestina frente al ocupante, siendo como es un derecho reconocido internacionalmente. ¿Llamaría Yehuda terroristas a los judíos del gueto de Varsovia que resistían a los ocupantes alemanes?

Pero hay dos errores en su discurso mucho más graves y dramáticos.

Uno, su caótico y nulo mensaje político. El propio Yehuda Shaul se califica de “sionista y defensor del Estado de Israel”, por tanto queda clara la contradicción ideológica que opera dentro de él mismo queriendo denunciar unos “abusos”, pero a la vez apoyando el motor ideológico sionista bajo el que se llevan cometiendo esos “abusos” o crímenes contra la humanidad en Palestina.

Querer nadar y guardar la ropa significa que Yehuda Shaul no ha entendido la incompatibilidad político-ideológica de denunciar “excesos en la ocupación” y a la vez estar orgulloso del actual Estado de Israel, de su propio nacimiento en la Jerusalén ocupada y de sus padres sionistas llegados a Palestina desde EEUU y Canadá en los años 70. Es obvio decir que él y su organización consideran territorios palestinos únicamente Gaza y Cisjordania proponiendo como solución al “conflicto” que “cese la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania” para que “el pueblo palestino pueda ser libre” en sus dos bantustanes.

El segundo error es mucho más dramático, pues aunque no a todo el mundo se le puede exigir lucidez política, lo que sí se les debe exigir es honestidad y sinceridad para conseguir justicia. Sus vagas narrativas mantienen intacto el señalamiento de crímenes y con ello la (in)capacidad de juzgarlos internacionalmente pues no acusan a nadie. Su silencio en algo tan trascendental les convierte en cómplices de la impunidad.

Debemos saber el nombre de las víctimas, el día, hora y lugar donde fueron asesinadas, las órdenes recibidas, el nombre de quien las impartió, firmó y el nombre de quien las ejecutó. Debemos saber los nombres de los pilotos de cazas y drones, de los comandantes de carros blindados o de artillería, de los capitanes de naves, de los sargentos, de los soldados, de los generales o de los coroneles, y queremos que nombren explícitamente a los políticos israelíes que les dirigieron. Queremos que digan todos sus nombres y apellidos.

Al igual que han sido profesionales militares precisos, ahora también deben ser sinceros y profesionales en su denuncia, señalando quién, qué y cuándo, y no realizando un lamento impersonal desde lo emocional. Debemos conseguir que haya jueces en distintos países que persigan a los criminales cuando salgan de Israel. Sólo así se tendrá éxito política y judicialmente contra los crímenes sionistas y en ese momento se podrá decir que Breaking The Silence colabora en un nuevo futuro para Palestina.

Llevamos casi 70 años sin un Tribunal Penal por limpieza étnica para Palestina mientras que Yugoslavia y Ruanda ya lo han tenido. ¿A qué esperan Breaking The Silence o Yehuda Shaul para convertirse en los protagonistas históricos que consigan forzar la creación de un Tribunal por crímenes contra la humanidad aportando nombres y apellidos de criminales?

Para BDS-Madrid esta organización de exmilitares y el propio Yehuda Shaul, no sólo no son parte de la solución, sino que son parte del problema. No sólo no hay asunción de responsabilidades, sino que mantienen un silencio en nombres y apellidos conocidos por ellos que sigue operando de cómplice a favor de la impunidad criminal sionista

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